La siniestralidad y las enfermedades profesionales afectan a las trabajadoras del sector agropecuario, un colectivo vulnerable que exige mayor protección y reconocimiento. El Sindicato Labrego Galego, con la financiación de la Consellería de Empleo Comercio y Emigración, está desarrollando la campaña TRABALLA SEGURA, una campaña a favor de la salud laboral de las mujeres campesinas cuyo objetivo es reducir los riesgos laborales y enfermedades profesionales en el sector agrario. Para más información contacta con tu local del Sindicato Labrego Galego de referencia

El sector agropecuario, un pilar fundamental de nuestra economía y sociedad, esconde una realidad preocupante: las mujeres que trabajan en él enfrentan riesgos laborales que comprometen su salud y bienestar. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el sector agrícola es uno de los sectores con más riesgos laborales, sólo superado por la minería y la construcción. Este sector se caracteriza por un alto porcentaje de trabajadores temporales y la frecuente participación de familiares en los trabajos. Las mujeres, a pesar de representar un porcentaje menor de la fuerza laboral en este sector, tienen una tasa de incidente de enfermedades profesionales y accidentes laborales significativa y requiere una atención urgente.
Un problema invisible
La invisibilidad de las mujeres en el campo contribuyó a que sus problemas laborales queden relegados a un segundo plano. A menudo, sus tareas son consideradas como una extensión de las labores domésticas, lo que dificulta el reconocimiento de los riesgos a que se exponen y la aplicación de medidas de prevención adecuadas. Como consecuencia, las trabajadoras no reciben la compensación ni la protección adecuada por parte de las mutuas o de la seguridad social. La legislación vigente muestra una preocupante falta de atención a la especificidad del sector agrario y, dentro de este, a las particularidades de la mujer labradora.
La realidad de las trabajadoras autónomas
Muchas labradoras son trabajadoras autónomas, una condición que agrava su precariedad. La idea de que, por ser autónomas, pueden organizar su tiempo con flexibilidad no se corresponde con la realidad diaria del campo, donde los ritmos de trabajo vienen marcados por las necesidades de la tierra y los animales.
“Malo será” que no encuentren tiempo, suelen escuchar estas trabajadoras, ignorándose que muchas de sus tareas no pueden posponerse. Este concepto erróneo invisibiliza su esfuerzo y subraya la falta de protección para un colectivo que debe realizar trabajos pesados, a menudo sin derechos básicos de conciliación ni protección adecuada en caso de enfermedad o accidente.
Existe una gran división entre el trabajo productivo y el reproductivo, valorizando sólo el primero y menospreciando el segundo. En el caso de las labradoras, muchos de los proyectos están localizados en el lugar donde residen, lo que lleva a que sus actividades sean vistas como una extensión del trabajo doméstico. Esta percepción hace que su labor no tenga el reconocimiento necesario y, por lo tanto, no se considere que puedan sufrir enfermedades o accidentes laborales.

Las labradoras enfrentan diversos riesgos que afectan de manera desproporcionada su salud:
Las largas jornadas laborales, la presión por cumplir plazos, el aislamiento social, la discriminación y la precariedad laboral contribuyen al estrés y la ansiedad
La situación de las mujeres en el sector agropecuario requiere una respuesta urgente. No se trata sólo de implementar medidas preventivas, sino de reconocer sus necesidades específicas cómo trabajadoras. Es una obligación legal reconocer la labor que realizan, así como los riesgos laborales y las enfermedades asociadas, garantizando la protección adecuada y los derechos laborales que les corresponden.
Las mujeres labradoras deben recibir formación continua sobre los riesgos específicos que enfrentan, así como sobre las medidas preventivas y sus derechos laborales
Medidas urgentes para proteger y reconocer su trabajo
Proteger a las trabajadoras agrarias debe ser una prioridad ineludible para todos los actores involucrados
El camino hacia un futuro más justo y seguro en el sector agropecuario gallego pasa necesariamente por el reconocimiento y la valorización del papel fundamental de las mujeres que trabajan en él. Asegurarles condiciones de trabajo dignas y equitativas no sólo es una cuestión de justicia social, sino también una inversión estratégica en el desarrollo sostenible de la agricultura. La protección de la salud y seguridad de las labradoras es un derecho fundamental, y su cumplimiento es responsabilidad compartida entre empleadores, trabajadoras y autoridades.
Es imperativo visibilizar las dificultades que enfrentan y, más aún, actuar decididamente para mejorar sus condiciones laborales. Desde la evaluación y adaptación de riesgos específicos (especialmente para mujeres embarazadas o lactantes), hasta la provisión de Equipaciones de Protección Individual (EPIs) adecuados a la fisonomía femenina, es necesario poner en marcha medidas que prioricen la seguridad y el bienestar de nuestras labradoras. Además, la formación e información continua sobre los riesgos laborales y los derechos de las mujeres, junto con la promoción de políticas de conciliación, son pasos imprescindibles hacia la equidad.
Avanzar en la visibilidad y el reconocimiento legal de estas mujeres no sólo contribuirá a la justicia laboral, sino que también fortalecerá el sector agropecuario en su conjunto, garantizando un contorno de trabajo más seguro y justo para todas. El futuro de la agricultura gallega depende de la salud y el bienestar de los que la hacen posible. Por eso, proteger a las trabajadoras agrarias debe ser una prioridad ineludible para todos los actores involucrados.
çLlevar a cabo una transformación real en la protección de los derechos de las labradoras y una legislación en materia de prevención de riesgos laborales que se adapte a las peculiaridades de nuestro territorio, reconociendo la realidad del trabajo rural en la Galicia, garantizará un futuro más equitativo y sostenible. No llega con cumplir la normativa estatal; conviene que esta sea sensible a las particularidades de un contexto marcado por la dispersión geográfica, el aislamiento y la escasez de recursos.
Las políticas de prevención no pueden seguir siendo diseñadas desde una perspectiva urbana y masculina. Deben ajustarse a las condiciones reales de las mujeres que trabajan en el rural gallego, muchas veces ignoradas a pesar de ser el auténtico motor de las granjas. El reconocimiento de su labor y la adaptación de las normativas a los desafíos que enfrentan es clave para mejorar su calidad de vida y fortalecer el sector en su conjunto.
Asegurar un marco normativo que responda a estas necesidades es una responsabilidad colectiva que no puede ser retrasada.

De Heus Nutrición Animal lanza Dairy Compass, una solución tecnológica avanzada que analiza y monitoriza, en tiempo real, los datos clave de…
Deja una respuesta